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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Creer o no creer


"Una de las tragedias de la vida es el asesinato de una 
hermosa teoría por una vulgar partida de hechos."
Francoise de la Rochefoucault

La ciencia ha demostrado que Dios no existe basándose en la falta de pruebas materiales de su existencia. Esto significa que la idea de Dios en sí misma es inaceptable desde el punto de vista científico, dado que nada de aquello que consideramos divino puede ser medido, pesado, diseccionado o descompuesto, ni se pueden establecer relaciones de causa y efecto entre los procesos naturales y una voluntad absoluta.
Pues bien, seamos estrictamente científicos y empecemos por decir que la mayoría de los postulados de la teoría de la relatividad, ese sancta sanctorum de la física contemporánea, carece de demostración científica y se reduce a un grupo de fórmulas aisladas cuyas constantes son de tiempo en tiempo corregidas, sustituidas e incluso eliminadas por nuevos investigadores que no acaban de llegar a un consenso; así, en una de las más recientes variantes de la ecuación universal se llegó a eliminar la constante de tiempo, alegando que este en realidad no existe fuera de la conciencia humana y no pasa de ser una ilusión de nuestros sentidos. Así de fácil.
Hoy en día, sabemos "con exactitud” que el universo surgió de una explosión y la expansión resultante de dicha explosión sigue teniendo lugar en nuestros días ¡pasados 13 835 millones de años!
Se revuelve Newton en su tumba, pero la ciencia se apresura en asegurarle que no hay razón para inquietarse dado que las leyes de la física clásica - y aun las de la física cuántica - no son aplicables a los procesos del cosmos profundo.
Sin embargo, a la hora de explorar ese mismo cosmos, la ciencia contemporánea se apoya en la única física conocida la cual, de facto, es inaplicable a los procesos que transcurren en zonas remotas del espacio.
Por medio de cálculos y análisis efectuados en base a leyes naturales demostradas exclusivamente en el Tierra o, en el mejor de los casos, en diversas regiones de nuestro sistema solar, la ciencia nos ha dado a conocer la estructura y composición de estrellas lejanas, muchas de las cuales son perceptibles solo por medio del análisis de una emisión de radio que viajó millones de años a través del espacio hasta alcanzar un receptor ubicado sobre la superficie de nuestro planeta; es algo así como describir una mariposa en base al análisis de la refracción de la luz en las escamas que han dejado sus alas suspendidas en el aire.
Con referencia a esas mismas leyes la ciencia nos ha dado cerca de una docena de explicaciones diferentes y absolutamente fantásticas acerca de cuerpos celestes situados a miles de años luz de nuestro mundo, a los cuales se les ha dado el nombre de agujeros negros; no por su color, sino porque nadie sabe a ciencia cierta en que consisten.
De la misma manera, seguimos sin hallar el eslabón perdido de la cadena evolutiva humana, así como las especies transitorias del resto de la cadena evolutiva del reino animal. A esto se añade que las “evidencias” que corroboran la existencia de algunos de los eslabones de la cadena evolutiva humana se resumen a un molar o a un fragmento de hueso occipital incrustado en una roca; sobre esa base se construyó el modelo de un organismo vertebrado presuntamente similar a un hombre que la ciencia se apresuró en clasificar como antepasado biológico del mismo. Con igual éxito se pudiera establecer que el hombre desciende del oso o del cerdo.
Esta es una minúscula representación de hasta que punto la ciencia puede apartarse de sus principios de rigor, imparcialidad y determinismo a la hora de tratar de demostrar aquello en lo cual pretende creer a toda costa; alguien me dirá que la ciencia ha hecho nuestra vida más llevadera y yo me apresuraré en decirle que valore bien esa idea antes de expresarla dado que hoy no somos ni más libres, ni más inteligentes, ni más saludables y lo único que la revolución científico-técnica nos ha legado con toda seguridad es un planeta muy contaminado.
Sin llegar al extremo de declarar que la ciencia es un lastre, dado que tiene bien merecido su lugar en la búsqueda de la verdad, sería casi irracional negar la existencia de una idea que ha constituido el eje de la sociedad humana durante miles de años y de la cual han dado testimonio algunos de los mejores representantes de la humanidad; los más valientes, sabios, justos y abnegados entre los hombres.
Esta idea se encuentra en la base de una buena parte de los sistemas filosóficos que la historia no ha logrado refutar y siguen vigentes en la actualidad.
Dios es tan posible o imposible como pueden serlo las partículas elementales, la antimateria, la teleportación o los viajes a través del tiempo, conceptos que la ciencia contemporánea valora con toda seriedad.
No es hora de rechazar la idea de una conciencia universal en los orígenes de la existencia, por mucho que creamos conocer del mundo, del universo y de nosotros mismos, el hombre no deja de ser una partícula invisible en la inmensidad de la creación.

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arte soy entre las artes
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no es el amor ridiculo a la tierra,
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Mirame, madre, y por tu amor no llores.
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores.


(Carta a Leonor Pérez desde el presidio de Isla de Pinos
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alfilereada?
.................................................... 
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"Una rosa y Milton"


De las generaciones de las rosas
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Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.




Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.

(La noche cíclica)



"El enamorado"

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Debo fingir que en el pasado fueron
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Debo fingir las armas y la pira
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Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Solo tu eres. Tu, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.



* * * * * * * * * * * * *

Pablo Neruda

Empujado por los designios de la tierra,
como una ola en el mar, hacia ti va mi cuerpo
y tú en tu carne encierras las pupilas sedientas
con que miraré cuando estos ojos que tengo
se me llenen de tierra.

("Amiga no te mueras")



Hemos perdido aun este crépusculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

("Poema 10")



Tú sabes cómo es esto:
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si toco
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la impalpable ceniza
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("Si tú me olvidas")


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me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
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Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.

("Balada de los dos abuelos")


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