Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La aurora

Michael Maier, "The final cut"


Recuerdo la noche abismal del Trópico de Cáncer, como premisa vital de tu pasado ausente. La Osa Mayor dejó de sonreir ilusionada y en el brillo lacrimoso de sus cándidos ojos, pude leer una sentencia irrevocable: “Ya no eres niño”.
A horcajadas sobre el muro, donde se rompen las manos del océano, yo escrutaba  ensimismado la franja luminosa que friamente disecciona el cielo.
Ni una sola señal entre tantas estrellas.
Ni una palabra inteligible en la jerga laminar con que la mar seduce al viento.
Más allá del horizonte noroeste dormitaba un gigante, cubría de gémidos lacerantes el vientre lacio de las nubes más voraces; como la danza rígida del vórtice, donde convergen los astros, logra cerrar los parpados del tiempo sumergido entre sus horas. 
Sobre el umbral creciente del ocaso, la margen más septentrional del cielo desplegaba inquietante la estratagema flácida de un grito...

Desperté sobre la cresta palpitante de una ola, mi esperanza pueril jugaba a ser estrella, como pluma o delfín, nacía en lo perenne mi más nueva mirada, desde lo ignoto de mi pecho saltaba un caballo, daba coces de horror sobre la frágil equidad de su reflejo y un instante después, agonizaba entre las aguas.
¡Cuanto dolor legó a mi vida aquel vacio! Una tras otra, perecieron sin cesar mis criaturas, hasta el momento postrero en que mis pies tocaron tierra.
Tal vez la soledad logró hacer mella en mis aciertos, acaso el miedo intrínseco que siembra la amargura en el jardín márginal de la nostálgia. Le di la espalda a las montañas y fui patriarca en el desierto, promotor de sonrisas que hoy no son más que máscaras sardónicas. Otrora fui rebelde de causas imposibles, puse mi corazón, cual cometa, en el viento y deambulé sin rumbo; vi pasar a la muerte a un palmo de mi aliento, vi desangrarse en una sola noche muchos ídolos. Tuve sobrada ocasión de bendecir y maldecir mi suerte y de piedras fugaces cubrió el azar mis temblorosas manos, donde jamás hallé brillo más fiel que el de una mano amiga.

Atribulado de luces incautas, me sorprendió la primavera y yo, hastiado del invierno más crudo, me arrojé en sus brazos. Eran fluidos sus cabellos y abrigaba en su voz un centenar de manantiales, mas guardaba también pájaros muertos en sus menguantes nieves y larvas denigrantes pululaban entre flores marchitas que yo tardé mil años en barrer de mi pecho.
¡Ay de mí, que de mi torpe corazón dejé volar el pajaro-esperanza!
No bastarán mil años más para lavar tamaña afrenta...
 Alcé entonces mis ojos y vi extenderse sin final la tundra. Fierecillas ateridas mordisqueaban mis pies, aves rapaces arrojaban en mi alforja trigo y ortigas, la tierra helada crujía debajo de mis plantas, como los huesos calcinados de un monstruo milenario.
Una gaviota solitaria irrumpió tras el telón de mi memoria, el océano insurgente prometía una isla en la cumbre más azul de mis suspiros. Eché a andar con la certeza de encontrarme en la recta final de mi parabola, el tiempo volvió a perder su prisa y tras la calma, voló espantado el miedo.

Muchos años después, mi ruta continuaba inconclusa, en cientos de leguas a mi alrededor reinaban las nieves perpetuas. Mi busqueda infructuosa del mar, me hizo suponer que anduve en circulos, rodeando una y otra vez la cima del mundo.
Fue en aquel día aciago en que murió mi última esperanza y el viento norte comenzó a horadar en mi corazón su morada, cuando busqué por última vez entre las estrellas mi señal perdida.
Entonces sucedió lo indescriptible. Una cortina luminosa se desprendió del firmamento y dibujó con precisión todas las rutas de mi alma. En la vertiente crucial de cada ruta vi escrito tu nombre y palabras olvidadas desde que el mundo era un chiquillo: Ternura, fidelidad, confianza... verdad...
De mis labios cuarteados nació una sonrisa, como un cervato alucinado al ver la luz del día; criatura frágil que a duras penas sostiene sobre extremidades temblorosas su minúscula estatura y un instante después salta, vigoroso y feliz, entre la hierba. 
Como la voz inaudita de la vida, así me cautivó la canción de la aurora. Yo acaricié con dedos trémulos sus luces y prometí seguir sus pasos para siempre, mas ella me rodeó en su danza y susurró: “No soy yo tu destino”
En aquel justo instante, se rasgó la noche, el sol barrió con su aliento las estrellas; alcé los ojos y te vi junto al mar, trazando sobre la arena humeda un símbolo secreto. Las gaviotas anidaban en la tibia huella de tus pies descalzos, pensé tu nombre y te vi sonreir, con la mirada llena de promesas y allí, donde antes dibujaste un símbolo ignorado, pude leer la palabra más nueva: “Amor”


Link Within

Related Posts with Thumbnails

Mis raices

A donde van ahora mismo estos cuerpos que no puedo nunca dejar de alumbrar...

Silvio Rodriguez

Jose Marti

Subita de un salto arranca,
hurtase, se quiebra, gira;
abre en dos la cachemira,
ofrece la bata blanca.

("La bailarina española")



Yo vengo de todas partes
y hacia todas partes voy,
arte soy entre las artes
y en los montes, monte soy.

("Versos sencillos")



El amor, madre, a la patria,
no es el amor ridiculo a la tierra,
ni a la hierba que pisan nuestras plantas;
es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca...

("Abdala")


Mirame, madre, y por tu amor no llores.
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores.


(Carta a Leonor Pérez desde el presidio de Isla de Pinos
el 28 de agosto de 1870)

* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Jose Lezama Lima

Dánae teje el tiempo dorado por el 
Nilo 
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro
nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que
borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.
Vertical desde el mármol no miraba
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua
alfilereada?
.................................................... 
Así el espejo averiguó callado,
así Narciso en pleamar fugó sin alas.


("Muerte de Narciso")


* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Jorge Luis Borges

"Una rosa y Milton"


De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
Quiero que una se salve del olvido,
Una sin marca o signo entre las cosas
Que fueron. El destino me depara
Este don de nombrar por vez primera
Esa flor silenciosa, la postrera
Rosa que Milton acercó a su cara,
Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
Deja mágicamente tu pasado
Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.




Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.

(La noche cíclica)



"El enamorado"

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lamparas y la linea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persepolis y Roma y que una arena
sutil midio la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Solo tu eres. Tu, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.



* * * * * * * * * * * * *

Pablo Neruda

Empujado por los designios de la tierra,
como una ola en el mar, hacia ti va mi cuerpo
y tú en tu carne encierras las pupilas sedientas
con que miraré cuando estos ojos que tengo
se me llenen de tierra.

("Amiga no te mueras")



Hemos perdido aun este crépusculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

("Poema 10")



Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

("Si tú me olvidas")


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Nicolás Guillén

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.

("Balada de los dos abuelos")


* * * * * * * * * * * * * * * * * * *