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jueves, 30 de diciembre de 2010

Tiempo de conejos


Un año más está llegando a su fin y como de costumbre, lo vemos partir con una mezcla de tristeza y regocijo. Por alguna razón inexplicable, que contradice nuestra experiencia vital, guardamos la candida esperanza de que nuestras vidas cambiarán radicalmente con los primeros minutos de Enero, y que los días finales del año, sepultaran en retirada todo lo desagradable, aberrante o nocivo que haya legado su temporada a nuestras vidas.

Todos sabemos que no es así, que la vida no se mide en periodos de trescientos sesenta y cinco dias; mas la ilusión resulta con frecuencia, si no el único, al menos el más efectivo de todos los remedios contra la tristeza y es por ello que la esperanza es, de todos los sentimientos humanos, el último en ceder al golpe de las vicisitudes.

El año que comienza está simbolizado en la astrología oriental por la figura de un conejo blanco. Se trata de un año Ying, un período ideal para las buenas obras, para la paz y la distensión, para la amistad, la bondad y el amor. Es esto, precisamente, lo que quiero desearles a todos, en todas las épocas, sin importar si el año es Ying o Yang, bisiesto o siniestro, solar o lunar... No importa donde estés, donde naciste, cual tu idioma, tu nombre, tu sexo, raza o religión. A cada persona que lea esta nota, quiero desearle toda la felicidad que merece, por el simple hecho de ser humano.

Ya no sé cuantas veces, he tomado la firme decisión de cerrar esta página. No se trata, como he tenido el desacierto de asegurar, a todo aquel que me ha inquirido acerca de las causas de mi largo silencio; de un problema de unicornio perdido, como magistralmente describiera Silvio Rodriguez la perdida de inspiración. Mi musa siempre ha estado en libertad de visitarme cuando mejor le place y es por eso que siempre regresa a mi lado. Se trata, simplemente, de que mi vida ha cambiado y no logro apartar mi atencion de su lado material. Ya sea para bien o para mal, no tengo voluntad de dotar a mi mundo espiritual de una residencia en la tierra.

Por ahora solo resta agradecer, a todos los visitantes de este blog, la simpatía, la amistad, el sosten y aquella particula de su alma, que cada uno de ustedes legó a mis versos, con su lectura. La mayor virtud que ha tenido este espacio, ha sido la de aunar de alguna manera nuestras vidas y hacerlos a ustedes parte de mí, tal como yo he pasado a ser parte de cada uno de ustedes, de sus sentimientos, vivencias e ilusiones.

Que este año que comienza, sirva de crisol para la materialización de todos vuestros sueños, por fantásticos e irrealizables que parezcan.

Que no les falte la alegria, el calor y el sustento.

Que no les falte nunca el apoyo de una mano amiga.

Sobre todas las cosas, que no les falte amor.

Feliz Año Nuevo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Credo

Hieronymus Bosch (El Bosco) "San Juan Bautista en meditacion"




Bienaventurados sois, cuando por mi causa
os vituperan y os persiguen, y dicen toda
clase de mal contra vosotros mintiendo

Mateo 5:11


Mi templo es esta piedra,

Errante pedestal del universo,

Alma claustrada en la dureza de un segundo,

Donde puso el amor proscenio a mis edades.


Es mi vida un instante y a la flor del camino

He legado este sueño, como hijo renegado de

Un latente desierto, memoria de la noche, que

A la hierba dotó de rocío entre mis lágrimas,

Guarida de mis ansias, abrigo eventual de

La tierra postrera, que es ansiada y maldita en

La memoria secular de esta promesa.


De cara a la ciudad, que más de un lustro he visto

Fenecer en mi verguenza, rescato el trazo ambiguo de

Sus luces, amordazadas de ira y de silencio austero.

Sobre mi ruta incierta, reposa para siempre el polvo

Que desprendí a conciencia de mis plantas.

El cielo es una hoguera donde millones de almas

Inundan el poniente, reclamando a gritos mi regreso.


Mas el tiempo ha cerrado mi última herida y estas manos

Que volverán al polvo sin caricias, sin más retribución

Que un golpe de madera, algún día alzarán su bendición

Sobre un gremio crucial, donde el amor será bandera.



Alan Parson Project, "Don't let it show"

lunes, 4 de octubre de 2010

Premio Dolccisima Hot Words


Parece que estamos en época de regalos.
Hoy quiero agradecer a Myriam (http://clst-c.blogspot.com/), la gentileza de obsequiarme este premio tan hermoso. Ella tiene un gran talento para la gráfica y otro sinnumero de talentos; todos basados en una gran sensibilidad y preclara inteligencia.
A mí me pasa como a Paloma Corrales, que me paso la vida rodeado de personas admirables y si alguno de ellos me halaga yo no puedo menos que asombrarme.
Gracias Myriam, recibo tu premio con infinito asombro y satisfaccion.

domingo, 3 de octubre de 2010

Un pedazo de sol


La entrada de hoy esta dedicada a una persona muy especial. Expresiva, vivaz, extrovertida, multifacética, dotada de un gusto exquisito y una visión peculiar del mundo que, gracias a las virtudes antes mencionadas, y a su perfecto dominio de la prosa; puede trasladarnos, con asombrosa facilidad, a regiones insospechadas del tiempo y el espacio.
Esta persona ha tenido la gentileza de compartir conmigo un premio, que recibio recientemente y que se titula "Sunshine Award" y yo, siguiendo su ejemplo, quiero compartirlo a mi vez con aquellas personas que hacen posible la existencia de "El inquilino", con su apoyo moral y su labor, la cual añade impetu a mi propia obra.
En resumen, ademas de Idoia, que es la persona a la cual me refiero al comienzo de estas lineas, y su magnifico blog "Sin quimica no hay biologia" (http://sinquimicanohaybiologia.blogspot.com/), quiero dedicar este premio a:

Yraya y su ingenioso, ameno, humano blog "Mundomaltratado" http://mundomaltratado.blogspot.com/

Gianna y su blog homonimo, que trata de todos los temas de este mundo http://gianna264.blogspot.com/

Myriam y su blog dedicado a la magia, la esoterica y las religiones mundiales "Psiconavegando paradigmas" http://clst-c.blogspot.com/

Taty Cascada y su magnifico blog de poesia "Secuencia del alma". Un regalo para las almas sensibles http://secuenciasdelalma.blogspot.com/

Luisa Navarrete y el mundo fascinante que nos regala su pincel en "Volando hacia las estrellas" http://volandohacialasestrellas.blogspot.com/

Cesc Ginesta y su blog "Art & Cesc". Una ventana al mundo interior de un excelente artista plastico http://cescginesta.blogspot.com/

Javi y su blog dedicado al arte culinario. Una pagina insuperable, escrita con buen gusto y amplio conocimiento de la materia http://lacocinadejavitxu.blogspot.com/

Agustina y Mariano, con su museo universal http://elconventillodelamuseologa.blogspot.com/

Pablo Kieffer, merece este premio por la insuperable calidad de sus obras y su gran corazon http://trovasdepablo.blogspot.com/

Paloma Corrales y su maravillosa obra, plena de vida, pasion y sensibilidad http://alcobaparalela.blogspot.com/

Jesica y Marcelo, por su asombrosa habilidad de convertir en nubes las palabras http://palabrascomonubes.blogspot.com/

Tony Amesty y su formidable jardin, mucho más que buena poesia http://amestyfermoso.blogspot.com/

Ademas dedico este y todos los premios posibles a Ursula Boticelli, sin la cual este blog no hubiera llegado a existir y a Carmen Sifredo cuya amistad rebasa todas las fronteras.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Retrato


Salvador Dali,
"Mi mujer desnuda contemplando su propio cuerpo convirtiéndose en escalera, tres vértebras de una columna, cielo y arquitectura".
1945. Óleo sobre madera 61×52 cm.



Dos esmeraldas tristes atesoran
Un pedazo de mar sobre el espejo,
Que de mi centro plasma llanto y risa,
Verguenza, compasión, tal vez despecho...
Devoción, si al pozo de mis sueños
Tu semblante asoma, mas si distante estás,
Tormenta son; ventana franca al roce de la noche
Donde, inerme de luces, un horizonte llora.

De quebrado rubí, desvela los aciertos,
- Desaciertos tal vez - de mi agitada lumbre;
Un torrente vivaz que brota a flor de piel,
Nota esencial del verbo de las rosas,
Salto en mi sangre, donde predica un nido
La lujuria, como luna sin sol varada en
El poniente, reverso infiel de un verso que
Nunca supo ser, de tu edad, la fecunda vertiente.

Para erguir en la luz este retrato, he nutrido de ti
La plenitud del tiempo, los ruinosos rincones de
Una gruta abismal donde, apenas ayer, nació
Una estrella; genuina dimension de azul plural,
Que al margen de su ruta gana el cielo, vencido
Pedestal de la tristeza, proscenio y voz de una
Pasión que sin cesar bendice, como acto crucial de
La existencia, el calor de tus labios en mi beso.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Preludio a la noche



En vano han pretendido, con golpes de metralla,

Hacer caer el velo de tus párpados henchidos

De lágrimas viriles vertidas por la patria, de

Verguenza y de insomnio, cuando al caer la tarde,

La primavera finge no saber que esta muriendo.


En vano han cercenado la ruta de tus pasos,

Naciente flor que gime en el umbral del cielo,

Escondida en tu sombra, la ortiga está naciendo,

Gélido estío, donde despliega el norte, sin pudor,

Su zarpa y, huerfano de auroras, ruge el viento.


Erigir este sueño, nos ha costado sangre;

Aún más sangre y dolor costó perderlo.

Sabe la tierra herida de silencio, cuanto

Terror legó la iniquidad a nuestra estirpe, allí,

Bajo la cruz del sur, donde la noche fué flagelo.



Silvio Rodriguez, "Santiago de Chile"

miércoles, 25 de agosto de 2010

Papá




Regalame aquel campo de violetas silvestres,

Un destello fugáz de nutro inacabado,

Retorna a mi pasado hermano de tu sombra,

Allende esta nostálgia armada de planetas que

Ya no encuentran rutas entre tibios milagros,


Ni en la remota luz de un tiempo que no ha sido,

Escala abrupta del espejo en que te hallo,

Estigma fiel de tu mirada hecha sonrisa, cuando

La soledad invoca una palabra en mi verguenza,

Una palabra clara y fértil que nunca fue caricia.


La voz de tu recuerdo me cobija, quemando de

Las tardes el silencio, bajo tu mano puede aún vibrar

El fuego, si dentro de la noche rompe a gemir

Un piano, una ilusión cabal, como la aurora que

Consume, inconteniblemente, la luz de nuestros astros.


Regalame un adios de azules violetas, sin hechizo,

Para no perecer en el revés remoto de tu abrazo.



Ryuichi Sakamoto, "Merry Christmas Mr. Lawrence"

miércoles, 11 de agosto de 2010

Mientras la vida llega

Inessa y Michael Garmash, "Mirando las olas"



Desde que tú no estás las lluvias han roído,

De nuestra casa secular, los rígidos cimientos.


Dibuja el viento ineludible, arabescos de

Cal entre los frisos, la noche es la agonía

Impropia de una pena; lacayo pertináz de

Aquella luz sin norte que perece, derrotada

De ansias, en la nuez de muchas luces.


Desnudas en la tarde, blanquean las paredes,

Derramada en tu cielo, persiste una lágrima;

Un pedazo de sol enquistado en la bruma, sin

La inocencia innata de un crepúsculo aparente.


La vida es un milagro de sombras fugaces,

Un bardo que no supo contar la moraleja,

Que no alcanza a ser mar en la antesala de un suspiro,

Ni en el deslíz de un sueño aciago, ser estrella.


Bajo el telón cadente de tus párpados, mis sueños,

Atesoran la estela de un recuerdo imborrable;

La magia senil de un abrazo de sal y arena virgen,

Como los besos trasnochados que cultiva una espera.


Desde que tú no estás, mi casa es un suspiro,

Un vuelo azul gravado de alondras indulgentes.

En algun sitio de los dos, la noche es un segundo

Para morir un poco, mientras la vida llega.


lunes, 26 de julio de 2010

Cronica de un retorno al paraiso


George Grie, "The way out"

Crispada en la violencia de un lamento mostrábase la faz común de un mal nombrado océano, retraído en su ira de capricho ignorado, indómito y voráz, como un planeta ignoto.

Abríase, al ocaso postumo del mes, una barrera grís en el poniente; inocente escenario de la noche próxima, moteado de gaviotas ávidas de luz, vastagos proscritos de un remoto horizonte, donde la tierra vino a ser una reminiscencia, la antesala mordáz de un vuelo divergente.

Sobre el abismo azul blanqueaba, trémula, una vela solitaria. Encerrado en su cuenco de ruinosa madera, un hombrecillo triste aguzaba los sentidos en la ruta del sol que ya moría.

Tras la linea imprecisa que eructaba la noche, el hombre creía percibir las curvas sinuosas de la tierra; suaves y seductoras en la distancia, cual pechos de mujer promisorios de abrigo.

Mas la tierra era el confín de una ilusión, un sueño hecho materia en aquel otro horizonte, donde las ansias conforman los sentidos.

El viento se encimaba y agitaba las aguas, hacía temblar las jarcias abrazado a la vela. Avanzaban así, en crescendos paralelos, el viento y la noche, agitando indolentes al hombre y su barca; carne y madera, como un solo cuerpo, unidos en el pulso violento de una mano en el timón, perdidos en la niebla lacerante que tragaba las estrellas y dejaba, sostenida en el vacio, la nota monocorde de una tempestad.

El hombre, de tez cobriza y manos de gigantez insólita, llevaba el desamparo inscrito en la mirada. Su piel se adivinaba en otro tiempo blanca, ahora curtida por cuanto elemento era presto a grabar su huella sobre la piel humana. Sus mejillas marchitas, sus ojos de mirada frenética... todo se escondía tras la maraña de una barba desaliñada y maloliente, inextricable cual la selva, en cuyo centro se abría una boca de labios partidos y dientes manchados por un sinnúmero de vicios.

De haber tenido tantos nombres, no recordaba aquel con el cuál le bautizaron. Alguna vez llevó una prospera existencia, sin haber dejado por ello de ser pobre, mas quiso el azar un día hacerle conocer el infortunio. De forma inesperada cambió la ruta de su presunto destino, el tiempo dejó de ser el placentero rio que surca displicente la extensión de la vida, sembrando a su paso incertidumbre y prisa. El hombre se vió despojado de todo, desterrado para siempre a un sitio recóndito en la selva, donde iban a languidecer en la agonía de sus ilusiones destrozadas, los reos de su clase.

Allí se hecho a morir bajo la hiel del látigo, perseguido en la noche por el gemido insidioso de la jungla y el fantasma tangible de la fiebre, que germinaba en los medaños de la ciénaga y saturaba el aire con los miasmas infectos de una tierra donde acaba el mundo.

Al cabo de semanas incontables de sangrar en silencio, de escuchar a la muerte haciendo nidos delante de su rostro; se descubrió arrastrado en plena noche a la carrera de su instinto, destrozando sus restos en el cuerpo afilado de la selva, que juraba devorarlo a cada paso.

Solo un golpe de suerte lo arrancó de las garras del jaguar, de la mordida infalible de las sierpes, de las fauces de un centenar de carniceros, dueños de aquel reino sofocante donde él era un intruso.

Después de haber corrido sin descanso durante un día con su noche, abrazado al terror en cada recodo de su agonía, divisó un claro en la maleza donde se alzaba a hurtadillas un puñado de chozas de palma y bambú. 

El claro se abría en semicírculo sobre la corriente soñolienta del rio donde, casi inmóvil en la oscuridad, se alzaba la silueta de un mástil.

El hombre alcanzó la orilla amparado en las ventajas de la hora temprana, saltó a la barca y, soltando amarras, se puso al pairo. La corriente lo arrastró con fuerza y al despuntar el alba navegaba en el centro del cauce, encerrado en el verde cegador de la maleza.

Tomó la precaución de ocultarse en la selva al calor delirante del día y en cuanto la franja celeste detrás de los árboles se cubría de estrellas y en la jungla se apagaba la algarabía de los monos, sacaba la nave de su escondite y retornaba al curso monótono de la corriente.

Así logró pasar sin ser visto ante poblados y regimientos y al amanecer del tercer dia, alcanzó el delta del río y se escurrió, fugaz, hacia el océano.

Fué aquel mismo temor a ser descubierto, el que lo obligó a adentrarse en el mar hasta perder de vista toda tierra. Primero fué la franja blanquiverde de la costa, más tarde los penachos nevados de la cordillera y cuando, al atardecer, se vio rodeado por el desierto ondulante de las aguas; todo el cansancio de la fuga afloró de golpe en su cuerpo y lo derribó sobre la cubierta.

Se sintió como un niño, mecido tiernamente al antojo de la brisa. La certeza de ser libre le hizo brotar del corazón una sonora carcajada que, reculando sobre el agua, espantó a las gaviotas con su timbre de aluvión gravoso y torpe.

Así transcurrieron las horas, sin grabar su huella errante entre los sentimientos difusos, mas al atardecer la claridad se esfumó sin preambulos, la brisa se cubrió de frigidez y una avalancha gris se desplegó ruidosamente sobre la faz del cielo.

La cercanía de la tempestad, llenó al hombre de una inquietud serena, cuál guerrero que aguarda su próximo combate. Había navegado rumbo al norte, buscando la salvación en nación extranjera, había acabado por perder de vista la faz del continente y al chocar con la tormenta, se mantuvo luchando horas enteras contra el pérfido oleaje hasta tener la sensación repentina de que el mar se retiraba en calma.

Era tan solo una mera ilusión de sus sentidos, de su alma mutilada por la oscuridad, el frió y el fragor de la lluvia. Era que descendía a la sima de un abismo acuoso y tenaz, cual su propia tristeza, sobre el cual se abatiría sin remedio la mole rugiente de una ola.

En el último instante presintió la cercanía de la muerte, sintió que algo más duro que la noche le cortaba el camino y, en el rincón preliminar de la inconsciencia, su pensamiento se elevó a lo más recóndito del firmamento; donde buscan las almas la postuma razón de su existencia.

  

 

La claridad se extendió como un manto desde el horizonte y golpeó el rostro del hombre abrazado al madero. Un agudo dolor le hizo saber que aún vivía. A la sorpresa de estar vivo siguió una sensación de ancestral alegría, que pronto fué borrada por la certeza de hallarse abandonado entre las dunas del océano; indefeso y errante en medio de un desierto de blandas entrañas, condenado a morir calcinado, devorado para siempre entre las fauces de su abismo.

Maldijo a gritos la hora en que el azar lo rescató de la tormenta. Golpeaba con sus puños la madera hasta quedar exhausto, ajeno al dolor de sus nudillos sangrantes.

Sacudido por las ondas ligeras de la mar en calma, se abandonó a recordar los escollos de su vida. Se sorprendió al descubrir un pasado escabroso, colmado de crímenes de la más variada escencia, de vicios mezquinos y ambiciones infértiles. Se sintió despreciable y en su mente aturdida tomo cuerpo la idea del castigo divino. Se hecho a llorar desconsolado, hilvanando entre lágrimas una cadena entrecortada de marchitos versículos rescatados en el fondo irregular de su oscura memoria.

Se abandonó al rezo con la pasión de quien se reconoce al borde de la muerte, con la ternura triste del desamparado, arrullado por el murmullo lánguido de su propia voz, hasta quedar sumido en una indiferencia incolume, ajeno a todo cuanto le rodeaba; inabarcable extensión, tan pobre en detalles, que no alcanzó a percibir la figura plana de una aleta, hasta tanto no se interpuso en la dirección de su mirada.

La palabra "tiburón" se abrió paso en su mente, matizada con todo el terror que le es innato. Una oleada de pánico se apoderó del hombre, su cuerpo era sacudido por un temblor mezquino, cási doloroso. Comenzó a trepar desesperadamente, intentando colocarse a hocajadas sobre el madero salvador, pero no lograba mantener el equilibrio y era lanzado una otra y otra vez de vuelta al agua. La aleta había dibujado un circulo perfecto y, hendiendo las olas con presteza, avanzaba al frente de su estela hacia la figura indefensa del hombre que, cerrados los ojos y aferrados los brazos al madero, aguardaba su muerte.

En la semipenumbra de sus parpados cerrados, una carcajada infantil se abrió paso en el viento, disipando la algarabía contumaz de las gaviotas...

El hombre abrió los ojos y se halló ante una criatura de presencia inaudita; frente amplia y lisa a cuyos lados lucía, engastados como perlas, dos ojillos de mirada risueña. La boca coronada de menudos dientecillos se proyectaba en una suerte de hocico, que dejaba escapar a intervalos una risa casi humana.

El hombre nunca habia visto un delfín y aquella criatura insólita y feliz se le antojó un ángel de las aguas. Fué grande su sorpresa cuando el cetáceo le ofreció su lomo y el hombre, dando gracias a Dios, se abrazó a él y se dejó llevar libremente entre las olas.

  

 

La isla no evocaba parajes comunes. No era el vértigo agreste de la sierra, ni la maraña sofocante de la jungla, tanto menos la gélida oquedad del páramo.

Embriagada de sol, serpenteaba libremente la blanca franja de una playa. Sobre su limite impreciso germinaba una vegetación feraz; no la maraña rabiosa de la selva envenenada y arisca, más bien la mágica visión del paraiso remoto.

Vegetaban, por doquier, árboles exóticos cargados de frutos jugosos y dulces como miel. La somera extensión de un bosquecillo abrigaba a su sombra pájaros cantores, alcaravanes regios de vistosos colores, criaturas disímiles, que se agitaban en torno al hombre, ajenas al recelo y la violencia.

A la sombra de los árboles brotaba un surtidor de agua dulce, cuyo torrente se vertía a través de un estrecho cauce en una amplia laguna costera. Como cada verano, la laguna estaba llena de delfines en celo, el sitio era acogedor y estaba resguardado del oleaje por un sólido arrecife. El fondo del estanque estaba cubierto de plantas marinas, anémonas, corales y rocas cristalinas y pulidas como joyas.

Incose el hombre de rodillas y elevó al cielo despejado una plegaria lánguida y lacrimosa. El nunca habia creído con fervor en Dios, el lejano bautizo que lo unía a su iglesia, lejos de arrojar al demonio de su alma, parecía haberlo inmunizado contra la acción divina. Había pecado sin dolor ni medida, sin temor al castigo sinuoso del infierno, sin ansiar más paraíso que los placeres del mundo. Ahora, en cambio, presentía al creador en todos los rincones, sentía vibrar su voz llenando el viento entre las palmas, escuchaba sus pasos en el golpear del agua que besaba la orilla, lo palpaba en el fuego de aquel milagro luminoso que llenaba el aire y agitaba la vida en los corpúsculos de la tierra y en la entraña bravía del océano insurgente.

Se sintió libre de toda su maldad, presto a cambiar su existencia azarosa y brutal por aquella que se acusaba omnipresente delante de sus ojos y, por primera vez en muchos años, se sintió feliz.

 

 

Una calurosa mañana de postguerra, el oficial de guardia a bordo de un acorazado de la armada imperial, divisó una silueta humana sobre la superficie desierta de un islote. Al ser traído a cubierta, el hombre en cuestión, resultó ser un viejecito menudo y cubierto de pelos, que hablaba atropelladamente en una jerga de pájaros. Resultaba imposible determinar su edad y cuanto tiempo había pasado en aquel sitio. Sobre la faz agreste del islote no crecía tan siquiera la hierba, no se percibía la más mínima manifestación de vida orgánica, la única fuente de agua dulce era un hilillo turbio que nacía entre las rocas y se escurría dando tumbos hasta morir en un pantano infecto de la costa. La superficie desnuda del islote estaba cubierta de huesos de pájaros y peces, semillas, restos de fogatas y artilugios de madera de finalidad insospechable.

El médico de la tropa, sin llegar a entender una palabra de cuanto barbotaba el viejo, acabó por decidir que estaba loco y la tripulación decidió deshacerse del orate en la primera escala en tierra firme. La nave surcó pesadamente las aguas y se esfumo en el horizonte.

  

 

Abandonada en la distancia, desnuda y sepultada entre mar y cielo, quedó la linea sombría de la isla; mutilada y triste en su mudo desamparo, como una flor sedienta se marchita, como un naufrago afín suele perderse en el vórtice tenáz de una tormenta.


viernes, 25 de junio de 2010

Corazón hidalgo

Caspar David Friedrich, "Caminante de cara a la niebla"



Ayer mi corazón invicto era la rosa,

La estrella tutelar de este azaroso vuelo,

Gota en el mar fluctuante de las horas,

Donde navega el alma, exenta de recelos.


Ayer tenía pasos para forjar caminos,

La tierra en su extensión era mi reino,

Mi supremo ideal un sentimiento, mi credo

Una ilusión, la mano de un amigo.


La vida era canción desde la madrugada,

Donde el tozudo amor mentía su secuela,

Hidalgo errante, sin alforja, ni espada,

Melenudo caudillo de la primavera.


Así me sorprendió la noche en la ribera,

Agonizante sol sin tierra, ni destino,

Antro emitente de exultante fiera,

Angel de negra entraña y lacerante edicto.


Ayer tenía brazos para embestir molinos,

Hoy reclaman las piedras su lugar en mis huesos.

Si no tu amanecer, al menos tu recuerdo,

Me ayudará a ser fiel a todo cuanto he sido.


Venga tu luz a mi ventana sin tristeza,

Venga tu noble corazón en vuelo algido,

Si una gaviota cruza el horizonte y rompe

El sello arcano de las almas a cuyo amparo vivo.





Celine Dion et Garou, "Sous le vent"

lunes, 21 de junio de 2010

Tsoi




Alguna vez me reí de tu voz...
Soñoliento martillo en
La cantera del viento,

Manantial de agua amarga
Para lavar heridas sin historia,
Sobre cuerpos mutilados, sin nombre.

Sobre cuerpos heridos y muertos,
Donde mil corazones amaron sin gloria,
Hasta el día crucial en que tu voz cansada
Les dió lágrima y nicho en mi memoria.

Un instante después nació el verano,
En la entraña armilar de este hormiguero.

Un segundo más tarde era la noche
De la cual exigiste vocación y derecho,

Para dejar nuestra ilusión hastiada de
Verdades, que no buscan respuesta a
Tus preguntas, sobre la faz rendida de esta
Esfera, donde tu voz aún rompe la bruma.



Victor Tsoi, "Una estrella llamada Sol"





miércoles, 16 de junio de 2010

Desde que tú eres primavera

Jeffrey G. Batchelor, "Dreaming Venus"


Mirandonos de frente,

La vida guarda un poco de los dos

En cada herida.


Las serpientes clausuran

Las puertas de la luz, cuando en

Tus ojos llueve,


Desisten, los minutos, de

Ser tiempo, si el día echa raíz en

Tu tristeza,


Mas, yo recuerdo aquel pesar, que

Inutilmente busca tu silencio, disfrazando de

Espera la admonición de esta caricia,


Yo sé que nunca volvería a ser sonrisa la

Mañana, si en pos de mi pesar nacen las

Horas más inciertas.


Cada instante de ti es un grano fugáz de

Universo rendido, donde atado de ansias

Cabe el mundo.


Cada palabra dicha entre los dos es el

Sustento, que adherido a mis plantas

Semeja un continente.


Una trinchera abierta a nuevas luchas

Sin destino, donde la tierra vuelva a ser

Una esfera desierta,


Donde la vida intente revivir

El hombre que yo soy,

Desde que tú eres primavera.


Link Within

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Mis raices

A donde van ahora mismo estos cuerpos que no puedo nunca dejar de alumbrar...

Silvio Rodriguez

Jose Marti

Subita de un salto arranca,
hurtase, se quiebra, gira;
abre en dos la cachemira,
ofrece la bata blanca.

("La bailarina española")



Yo vengo de todas partes
y hacia todas partes voy,
arte soy entre las artes
y en los montes, monte soy.

("Versos sencillos")



El amor, madre, a la patria,
no es el amor ridiculo a la tierra,
ni a la hierba que pisan nuestras plantas;
es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca...

("Abdala")


Mirame, madre, y por tu amor no llores.
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores.


(Carta a Leonor Pérez desde el presidio de Isla de Pinos
el 28 de agosto de 1870)

* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Jose Lezama Lima

Dánae teje el tiempo dorado por el 
Nilo 
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro
nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que
borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.
Vertical desde el mármol no miraba
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua
alfilereada?
.................................................... 
Así el espejo averiguó callado,
así Narciso en pleamar fugó sin alas.


("Muerte de Narciso")


* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Jorge Luis Borges

"Una rosa y Milton"


De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
Quiero que una se salve del olvido,
Una sin marca o signo entre las cosas
Que fueron. El destino me depara
Este don de nombrar por vez primera
Esa flor silenciosa, la postrera
Rosa que Milton acercó a su cara,
Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
Deja mágicamente tu pasado
Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.




Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.

(La noche cíclica)



"El enamorado"

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lamparas y la linea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persepolis y Roma y que una arena
sutil midio la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Solo tu eres. Tu, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.



* * * * * * * * * * * * *

Pablo Neruda

Empujado por los designios de la tierra,
como una ola en el mar, hacia ti va mi cuerpo
y tú en tu carne encierras las pupilas sedientas
con que miraré cuando estos ojos que tengo
se me llenen de tierra.

("Amiga no te mueras")



Hemos perdido aun este crépusculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

("Poema 10")



Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

("Si tú me olvidas")


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Nicolás Guillén

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.

("Balada de los dos abuelos")


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