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viernes, 20 de marzo de 2015

La eternidad de un instante

Ilustración de Adam Martinakis


Yanuzh León Vishnevsky pone en labios de uno de sus personajes la siguiente sentencia: De todo cuanto es eterno, el amor es lo que menos dura. 
La certeza de esta expresión solo puede ser asimilada por aquellos que hayan amado al menos una vez para llegar, por la via de esa experiencia insolita, a la comprensión de la única verdad absoluta: el amor no conoce el tiempo. 
Nunca es tarde, ni temprano para amar y ninguna vida ha sido suficientemente larga si en la madeja inescrutable de sus días no hubo al menos un instante dedicado a esa locura irresistible que nos hace soñar despiertos y entregar la totalidad de nuestro ser a las ilusiones. 
Aún muchos ignoran que la piedra angular de la teoría de la relatividad es el amor y que de nada hubiera valido a Albert Einstein devanarse los sesos en busca de una idea genial si la misma no hubiera estado alimentada desde adentro por el flujo incontenible de los sentimientos humanos más puros.
Un lugar especial dentro del amor lo ocupa la amistad, porque si bien la pasión puede tendernos una trampa y llevarnos a idealizar a la persona amada, el amigo gana cada palmo de nuestros sentimientos con una certeza irrevocable que no puede romperse, como las caricias o los juramentos.
A todas aquellas personas que tanto quiero, que llegaron una vez para integrarse por siempre en la brevedad de mi existencia, quisiera decirles que gracias a ellas el tiempo ha dejado de existir, que el universo gira en torno de mi corazón por la simple razón de que ellas lo habitan.

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Mirame, madre, y por tu amor no llores.
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores.


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* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

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.................................................... 
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* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

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"Una rosa y Milton"


De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
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Esa flor silenciosa, la postrera
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Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
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Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.




Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.

(La noche cíclica)



"El enamorado"

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lamparas y la linea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persepolis y Roma y que una arena
sutil midio la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Solo tu eres. Tu, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.



* * * * * * * * * * * * *

Pablo Neruda

Empujado por los designios de la tierra,
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y tú en tu carne encierras las pupilas sedientas
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("Amiga no te mueras")



Hemos perdido aun este crépusculo.
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mientras la noche azul caía sobre el mundo.

("Poema 10")



Tú sabes cómo es esto:
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* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

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