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sábado, 22 de noviembre de 2014

El rechazo

- Buenos días, Karl. Le he pedido que viniera para informarle que su candidatura como militante del partido comunista ha sido revocada.
- ¡Pero, como es posible! ¿Puede explicarme las razones de su decisión?
- Su vida no es ejemplo de lo que debe ser un militante comunista, aún más, está en contradicción con los principios morales y de conducta que el partido comunista exige de sus miembros. Los argumentos son innumerables. Usted procede de una familia burguesa de origen judío, lo cual no impidió a sus padres bautizarlo por la iglesia luterana; su infancia está exenta de hechos notables, pero no así su adolescencia y juventud; siendo estudiante universitario se destacó no tanto por su inteligencia y aplicación como por su amor a la bebida, a la vida bohemia y al despilfarro. En aquella época le dio por escribir versos, lo cual diría mucho de su grandeza de espíritu y su sensibilidad, no obstante, su poesía reboza crueldad, corrupción, ansias de destrucción y una marcada vanidad, egocentrismo y amor propio.
Veamos un ejemplo:

Vagaré victorioso, como un Dios
entre las ruinas del mundo y
dando a mis palabras una fuerza activa
me sentiré igual al creador

¿Qué me dice de esto?... Bueno, no me diga nada. Por aquí tengo algo más. A ver… durante los últimos tres años en la universidad usted asistió a solo ¡dos cursos!
Obtuvo su doctorado en circunstancias muy dudosas. La Universidad de Jena es famosa por su corrupción e incompetencia.
Después de terminar los “estudios” se dedicó al periodismo. Sus colegas lo describen como “dominante, impetuoso, apasionado y sin escrúpulos”.
Después se casó, pero… se casó usted con una aristócrata y además, se casó por la iglesia.
Por si fuera poco, en el momento de su boda usted no tenía ni donde caerse muerto; los padres de su novia tuvieron que costear todos los gastos de la boda y esto indica que es usted además irresponsable, irreflexivo e impulsivo…
Después viajó a París acompañado de su esposa embarazada en pos de una nueva aventura, un proyecto periodístico que nunca llegó a emprender. Los franceses no lo recuerdan a usted con mucho cariño, lo tildan de arrogante y dogmático.
Allí, en París, hizo amistad con un millonario…
- Friedrich…
- Sí, claro, Friedrich. Él se convirtió en su compañero inseparable, su Sancho Panza… Hay que decir que Friedrich era en verdad muy inteligente, mucho más que usted; conocía más de diez idiomas y era un genio en economía, pero era también un borrachín y un mujeriego que no respetaba aun a las esposas de sus amigos cercanos. Además, tuvo la mala suerte de encontrarse con usted.
- Bueno… Entre ambos hicimos cosas realmente importantes…
- Eso aún no está demostrado. Durante el periodo de estancia en Londres ustedes no hicieron nada realmente práctico, ni relevante; malgastaron cuantiosas sumas tratando sin éxito de promover una idea que no interesaba a ninguna persona decente, tan solo los anarquistas y demagogos que pululaban entre la baja burguesía vieron una buena oportunidad de hacerse de un lugar bajo el sol e incluso de un pedestal en la historia, construyendo sociedades dudosamente nuevas sobre la base de sus ideas malsanas; usted tenía además una manera muy peculiar de exponer sus ideas, si alguien no estaba de acuerdo con su punto de vista, usted no perdía el tiempo con argumentos, sino que pasaba de inmediato a ofender a su oponente, eso es algo que no tardaron en heredar los seguidores de  su doctrina… Bueno, Karl, pienso que hemos hablado bastante. Adiós.
- Hasta pronto, señor.
- ¿Cómo me dijo que era su apellido, Karl?
- Marx.

2 comentarios:

  1. Qué bueno verte de nuevo. Una prosa excelente. Qué inmensa alegría. ¿Cómo estás?
    Un abrazo.
    Idoia.

    ResponderEliminar
  2. Querida amiga, estoy, como ves, aturdido por esa innoble realidad que han engendrado las ideas. Tú eres, sin dudas, mi lectora más fiel y por ello quiero dedicarte cada una de las palabras que aparezcan en este blog a partir de hoy. También por esa razón, quisiera dejar definitivamente de pensar en cosas tristes o inquietantes, me encanta la forma inmensurablemente tierna en que tú ves la infancia o aquella otra apasionada y rebelde que ilustra tu presente. Si no volviera nunca a escribir nada, puedes pensar también que te dedico mi silencio. Dedicar el silencio pudiera parecer un acto vulgar para cualquier otra persona, pero no para alguien como tú que sabe de memoria todos sus sonidos.

    ResponderEliminar

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* * * * * * * * * * * * *

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