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martes, 11 de junio de 2013

La salamandra



Mientras un sueño secular es consumido por el fuego, una salamandra, agobiada por el perenne estigma de otros elementos; puede cruzar la franja marginal que designa la aridez del agua, tan distante y ambigua como los límites del horizonte y una vez saciada la sed de su recuerdo, sostenida al azar en el penacho febril de cada árbol; lanzarse de bruces sobre el centro mismo de las llamas, ajena a los sonidos y colores que denotan la perpetuidad del dolor.
La salamandra arísca y reluctante, ciega al reclamo de su vida, eleva la cabeza coronada de cirios y clava una mirada lánguida en el sol.
La imagen del fuego puede lacerar con más presteza que su aliento. Cada llamarada guarda, en su espíritu letal la vida que, en nombre de una libertad fugaz, combustiona. La imagen postrera de todo sol es una esfera oscura que devora a su paso los restos del espacio que alguna vez lo sostuvo en su nutro y sirvió de soporte y proscenio a una luz que nunca reclamó y a un calor al cual permanecio insensible.
Herida de nuevas convicciones, la salamandra acude al desfile indolente de sus dudas; hunde la cabeza en la ceniza ardiente que nació de muchas eras calcinadas por el odio y la ignorancia, persigue con su olfato el rastro indeleble de una tragedia innombrable, hasta rozar con su hocico una huella de sangre que sacude los cimientos de toda pesadilla. La salamandra estornuda y celebra en silencio la candidez del hielo que transita por el borde mismo de su corazón, hasta sentir en sus flancos la mordida visceral del fuego.
El único mito perdurable es la verdad, aun si está sumergida en la penumbra grís que en ocasiones teje a su alrededor el miedo. Ninguna idea, por noble que sea, merece el sacrificio de generaciones que se arrastran en pos de lo desconocido sin otro caudal que la miseria denigrante de sus vidas. Aun la fe más ciega, presupone el campo fértil de una redención idílica para dar estatura a su semilla.
La salamandra huye atolondrada, segura de no ser la imagen más fiel de su presunta gloria. Sumergida en el fuego deja la parte vital de una existencia renunciable, un grito ineludible, que por amor a la verdad será preciso expulsar de sus ansias.


Ilustración de Andrew Zuckerman. Tomado de la serie "Animal photos"


4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, especialmente porque la salamandra es una animal muy típico en Cataluña y cuando vine a vivir a Barcelona, me sorprendió encontrármela por todas partes durante el verano. Pensé en tatuarme una, finalmente no lo hice, pero me quedaron las ganas...
    Besos

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  2. Saludos, mi querida Idoia. Me alegra infinitamente tu visita. Yo acabo de regresar de un largo viaje a traves del fuego, de ahi las impresiones que he pretendido reflejar en "La salamandra". Cada vez que tengo un minuto libre me dedico a "la quimica", es casi todo lo que vale la pena leer en nuestros dias. Recibe un fuerte abrazo.

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  3. Me encanta leer textos que aportan información sobre lo que expresan y además con tanta poesía...

    ¡Qué estilo más bonito tiene usted escribiendo!
    Me ha encantado.

    Un saludito.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias! Yo andaba buscando la manera de darte la bienvenida a "El inquilino". Me ha gustado mucho tu blog "Clarodecir" tanto el contenido como el diseño de la pagina y los materiales graficos con que decoras las entradas. Ha sido un placer visitarte.

    ResponderEliminar

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.................................................... 
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Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.




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Son corredores de vago miedo y de sueño.

(La noche cíclica)



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Debo fingir que en el pasado fueron
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Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Solo tu eres. Tu, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.



* * * * * * * * * * * * *

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y tú en tu carne encierras las pupilas sedientas
con que miraré cuando estos ojos que tengo
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Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

("Poema 10")



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mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.

("Balada de los dos abuelos")


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